domingo, 31 de mayo de 2009

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"La Plaza Manuel Solares primero fue plaza "seca": amplio espacio libre que recibía carretas, mercancías, viajeros; escenario de diversas actividades.
Su demarcación original data de comienzos del siglo XX; es testimonio del primer fraccionamiento de las tierras de la Estancia, cumpliendo con el testamento de José Manuel Solares que disponía el trazado de una villa.
Para ello cedía un rectángulo ubicado al sureste y terrenos a los "pobres de notoria honradez".
En la gestión del primer Intendente, Domingo Lepri (1900-1904) se delimitó la plaza y se la bautizó "Manuel Solares", homena­jeando a quien, con su donación dio origen a la Villa.
El gobierno del Dr. Lucas V. Córdoba (1916- 1919) hermoseó el predio.
Los primeros diseños plasman los nuevos conceptos de urbanismo:
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Un espacio vivible, recreativo con árboles, rosedales y flores.
Diagonales internas llegando a un centro interior vital y comunicando visualmente y por recorridos peatonales: Plaza- Reloj Público- Tajamar; Plaza- Atrio de la Iglesia y por ende, con el Alto.
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En 1925, en el mandato de Pedro Bútori (1922- 1928), se levantó en el medio, un monumento con un busto de J. Manuel Solares ( que tuvo un desolado deambular) y una plaqueta.
“En la década del 60... se incorporó la piedra y se descartaron los muros bajos que definían las diagonales, rompiendo con la característica anterior de limitación de sectores profusamente forestados por rosedales, recostados en muros bajos revocados y blanqueados...” (1)
Su centro resultó un corazón ciudadano centrípeto, congregante, con actividades diversas: Bandas, Retretas del Desierto, juegos infantiles, artesanos, espectáculos y exposiciones callejeras, encuentros y desencuentros amorosos...
Momentos del pasado, memoria viva de nuestro pueblo, dignos de preservarse.
El PROYECTO DE UNIFICACIÓN ESPACIAL Y PUESTA EN VALOR DEL CONJUNTO JESUÍTICO plantea para la plaza, “falsas diagonales de recorrido rígido, que no rematan en puntos focales significativos” ni en el centro; anulando su corazón.
La convierten en un itinerario centrífugo, de paso, hacia el monumento jesuítico; “un carácter opuesto a la esencia convocante de toda plaza principal.
Una plaza cuyas direccionales expulsa a su usuario a los márgenes es una anti- plaza”
“Al plantear un recorte histórico de la ciudad, niega su desarrollo urbano desconociendo el valor convocante de su plaza, hija de un atrio jesuita y de los rudimentos viales, que fueron los espacios que hoy ocupan las calles Nieto, España y del Molino, consolidados como tipologías urbanas, una vez que la voluntad testamentaria de Solares, convirtiera la estancia en una Villa.”
Al uniformar y elevar el piso de las calles que rodean la plaza, suprime la demarcación- testimonio de la que hablamos.
Pero, sobre todo, el proyecto cambia las pautas, usos y destinatarios de la Plaza: el nuevo receptor es el turista; se le dedica un espacio público que nos pertenece a todos, “de este modo el vecino es desplazado por el turista.” (2)
Desde lo patrimonial y simbólico, es correcto e imprescindible preservar la “significación histórica” de la Plaza y de los otros bienes.
De otra manera, implícitamente se cercena un testigo sin igual del período de la Villa: prevaleciendo el patrimonio jesuítico y nos dejan una plaza sin corazón, sin historia y, en el futuro, ciudadanos sin parte de su memoria."
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Nilda Beatriz Moreschi
Museóloga.
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Javier Rojo
Maestro Mayor de Obras.
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Walter H. Villarreal
Arquitecto.
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Fuente: Sumario, viernes 17 de abril de 2009.
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(1) M. Elena Dorfeo: PLAZA MANUEL SOLARES. Análisis y Propuesta. Memoria descriptiva, 2008.
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(2) Los entrecomillados referidos al proyecto pertenecen a: M.M.O Rojo Javier Y Arq. Villarreal Walter H.:PROYECTO DE UNIFICACIÓN ESPACIAL Y PUESTA EN VALOR DEL CONJUNTO JESUÍTICO-ALTA GRACIA-CÓRDOBA- INFORME TÉCNICO: DIMENSIÓN PROYECTUAL URBANO-ARQUITECTÓNICA- Alta Gracia, febrero- marzo de 2009.
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